Publicado
el Sunday, 10 de May de 2009 y archivado en ESPAÑA Y ELCHE.
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BARTOLO OPPENHEIMER – Corresponsal en La Zarzuela
Bastó una serie de llamadas al Ministerio de Fomento y a Renfe para que el monarca demostrara que su poder ejecutivo “no es simbólico, sino más real que una patada en los cojones”, según sus propias palabras.
“Vale ya de decir que en España la Corona ostenta un poder simbólico”, le dijo el Rey al presidente de Renfe, José Salgueiro, cuando éste le preguntó porqué quería parar de golpe todo el tráfico ferroviario del país.
Fuentes del Ministerio de Fomento aseguran que entre el titular de ese departamento y el monarca se produjo un diálogo parecido. “Alteza, ¿porqué me pide que ordene parar todos los trenes?”, preguntó José Blanco. “Pues porque soy el Rey y se me ha puesto en las narices”, contestó Juan Carlos, añadiendo retóricamente: “¿Piensas llevarme la contraria?”
Las distintas instituciones y administraciones públicas involucradas en el control de la red ferroviaria se pusieron en contacto entre sí según recibían por teléfono la desconcertante orden real. “No nos lo creíamos, llegamos a pensar que era una broma de alguna radio”, dijo Alfonso Vicente Barra, Consejero de Transportes del Gobierno de Aragón.
“Pero no era ninguna broma, era efectivamente una demostración de fuerza en toda regla, y yo respaldé al cien por cien la inciativa, que no obstante, partió exclusivamente de él”, dijo Alberto Aza Arias, jefe de la Casa Real.
Sea como fuere, el resultado fue contundente: entre las cuatro y las ocho de la tarde de ayer, aproximadamente, se suspendieron todas las salidas de trenes de todas las estaciones de España, y los trenes que estaban en circulación se quedaron parados allí donde estuvieran.
Se calcula que este colapso sin precedentes afectó directamente a más de tres millones de personas y podría tener un coste económico de entre 800 y 1200 millones de euros. Las líneas de Alta Velocidad, los trenes de largo recorrido y de cercanías, todos absolutamente recibieron la orden de pararse.
En las principales estaciones de ferrocarril de España el atasco fue espectacular. En Madrid por ejemplo la estación de Atocha no daba abasto para acoger a los cientos de pasajeros que iban llegando y se quedaban allí al ver que sus trenes no iban a salir.
“En nuestro vagón había una embarazada y le entraron los sudores, mientras un grupo de personas se peleaban a puñetazos por conseguir agua en el bar”, relata una señora que viajaba en un Talgo parado a la altura de Zafra de Záncara (Cuenca).
Escenas similares se produjeron en los aproximadamente 950 trenes que ayer se paralizaron a mitad de recorrido. Turbas, peleas, saqueos, lesiones, caos a lo largo y ancho de toda la geografía española: en total podría haber unos 34.000 heridos de diversa consideración.
“Lamento mucho los daños colaterales, pero estoy seguro de que todos los españoles estarán de acuerdo conmigo en que esto no podía seguir así”, dijo el Rey a El Garrofer después de revocar la orden. “Si yo fuera súbdito en vez de Rey, me gustaría estar seguro de que mi Rey manda de verdad, y eso es lo que he pretendido demostrar. ¿Que me he pasado tres pueblos, como se dice ahora? Puede. Pero quería asegurarme.”
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