Un señor pisa una mierda en la calle y luego se la limpia en el felpudo de su vecino

Publicado el Sunday, 22 de November de 2009 y archivado en SEÑORES. Puede seguir cualquier comentario a este artículo a través de RSS 2.0. Comentarios y pings están deshabilitados.

- felpudo

R.L.S.Barcelona

RAMÓN ESPINOSA ES UN VECINO de Barcelona que ayer domingo por la tarde, cuando estaba a punto de entrar en su portal, pisó sin querer un excremento de perro y antes de entrar en su casa se limpió el zapato no en su felpudo sino en el de la puerta de al lado.

Espinosa no ha confesado absolutamente a nadie estos hechos, ni siquiera a su mujer, ni por supuesto a su vecino. Sin embargo El Garrofer ha obtenido la noticia accediendo directamente a lo más profundo de su conciencia.

Los hechos se produjeron de la siguiente manera. Cuando Espinosa pisó accidentalmente el excremento estuvo a punto de resbalarse y caer. Al recuperar el equilibrio se dio cuenta de que la mierda se había alojado perfectamente en el dibujo de la suela de su zapato.

Luego cogió el ascensor, apestándolo de mala manera, y llegó hasta la puerta de su casa, donde tenía previsto limpiarse en el felpudo. Pero entonces se dio cuenta de que si se limpiaba en su propio felpudo, éste iba a apestar también. Además, pensó que quitar mierda de un felpudo es casi más difícil que quitarla de un zapato.

Pero entonces reparó en que lo más fácil, sin duda, era limpiárselo en el felpudo de la puerta contigua, cosa que hizo rápidamente, dejando el problema para otro. Finalmente entró en su casa con el zapato casi limpio y se comportó de la manera habitual con su mujer, olvidándose del percance en pocos segundos.

Al salir de casa a la mañana siguiente para ir a trabajar, percibió un olor horroroso en el recibidor y se acordó de lo que él mismo había hecho. En efecto, en el felpudo del vecino seguían las ronchas de mierda que él mismo había dejado allí. Sin ningún reparo prosiguió su camino.

Esa noche, al regresar se encontró con el vecino, el cual le preguntó directamente y sin rodeos: “¿No se habrá limpiado usted una mierda en mi felpudo?” Haciendo gala de unos reflejos absolutamente superlativos, Espinosa controló su gesto y dejó escapar un lacónico “¿Cómo dice?”

El otro repitió la pregunta, pero Espinosa contestó que no, en absoluto, sin sufrir la menor alteración en su pulso ni en su mirada. La mujer del vecino ya estaba saliendo con un trapo y una palangana para quitar la pestilente costra del felpudo, momento en el que Espinosa remató con un “Hay que ver qué guarra es la gente” y se metió en su casa, momento en el cual su conciencia borró automáticamente todo lo sucedido.

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